domingo, 15 de noviembre de 2020
viernes, 9 de marzo de 2018
Encontrarse en el silencio
ENCONTRARSE EN EL SILENCIO
Vivimos inmersos en el ruido. Rodeados de tanto estimulo que
la dificultad comienza ya en saber quién percibe todos esos estímulos, en
identificar quienes somos. Necesitamos las referencias ruidosas para no
sentirnos perdidos. De ahí, que cuando nos encontramos solos, sin los ruidos
que nos contienen, recurrimos a los pensamientos conocidos, a las
preocupaciones cotidianas y los recuerdos cercanos para no desconectar del campo
estimular que ya nos conforma y configura.
Es costoso desprendernos de las sucesivas capas con las que nos hemos ido protegiendo a lo largo del tiempo y que ya forman
parte de nuestra piel, confundiéndose incluso con nuestra esencia. Desvestirnos
para acercarnos mas ligeros al encuentro de esa esencia es por tanto un
ejercicio peligroso que no todos están dispuestos a realizar. El peregrinaje
hacia el centro conlleva enfrentarse a barreras antiguas y ya muy conocidas que
identificamos como protectoras y que pocas veces estamos dispuestos a franquear
porque tampoco tenemos garantías de que lo que nos vamos a encontrar sea
gratificante. Asumir ese riesgo requiere coraje y afrontar los miedos
bloqueantes que nos permitirá desprendernos de las capas y corazas que hemos
ido construyendo.
Ya suele ser difícil cuando decidimos afrontar esos miedos en
compañía, a través de procesos terapéuticos de búsqueda e inmersión en los que
la aceptación y la empatía suelen estar presentes facilitándonos ese camino.
Qué decir cuando elegimos hacer el camino solos y en silencio sin mas compañía
que nuestra propia presencia. Al comienzo de esta experiencia, ese silencio
está repleto de ecos que nos avisan de los peligros de adentrarse hacia el
interior y nos inundan con cantos de sirenas sugiriéndonos abandonar el camino
del silencio y regresar a lugares y tiempos conocidos habitados por
preocupaciones y rutinas que, aunque no sean gratas, son necesariamente
conocidas y eso parece bastar.
De ahí la importancia de practicar el abandono y la
indulgencia. Abandono para soltar apegos y adentrarse poco a poco en nuestro
laberintico espacio interior e indulgencia para no juzgarnos con severidad en
caso de no conseguir caminar al ritmo que habíamos considerado adecuado y oportuno.
Reconocer la esencia suele estar relacionado con la respuesta
a la pregunta “¿Quién soy?” y “¿Para qué estoy?”, “¿Qué es lo que da sentido a
mi vida?” Sin duda, como seres humanos, somos únicos, irrepetibles y distintos,
pero también miembros y parte de un todo mas completo y armónico que tiene que
ver con la especie, con la tierra y con los seres que la habitan, con el
universo y la energía que transforma y permanece. Cuando solo somos capaces de
identificarnos con esa primera parte de seres únicos e irrepetibles y no nos
reconocemos formando parte de un todo mas amplio y luminoso, empezamos a
desconectarnos de nuestra esencia, a alimentar los apegos y la ignorancia y a
percibir a los otros como competidores y amenazas porque atentan contra nuestro
deseo de éxito y reconocimiento y nos mostramos vanidosos y afectados por el
miedo, la angustia y el odio. Cuando nos permitimos que aflore el sentimiento
de ser parte del Uno es como si nos uniéramos a la corriente del rio que fluye
y nos dejáramos mecer por la brisa suave que toca y despierta nuestra esencia
compartida en donde suelen anidar la generosidad, la bondad y el amor; los tres
elementos que unen y nos unen toda vez que miembros genuinos y diferenciados
del universo común.
Alcanzar ese estado de sabiduría serena es arduo. Requiere
esfuerzo, renuncias, coraje… y para colmo el resultado no es inmediato, no se
muestra de forma explicita y tangible como una tormenta, sino que va calando
lentamente, poco a poco, como el “orbayu” que empapa sin apenas darnos cuenta,
y esa falta de “premio” no es fácilmente aceptable, cada vez nos cuesta mas
postergar el refuerzo, nos ocurre como a los niños que necesitamos el premio de
forma inmediata a la conducta premiable. Todo tiene que ser Ya, Ahora,
necesitamos que los resultados se muestren con urgencia, no tenemos tiempo para
la maduración natural del fruto y buscamos fórmulas mágicas que nos den las
cerezas o los melocotones en enero. Por eso la tarea es ardua y los métodos
lentos, algunos incluso desesperantes, como El silencio que nos ayuda a
sumergirnos en nuestro propio rio, apartados del ruido y en contacto con
nuestro sentir pero que implica exponernos a nuestra voz interior, a nuestra
confusión, a nuestros miedos, a nuestra incertidumbre, a eso que nos angustia y
estremece, por eso lo evitamos, preferimos el ruido superficial, las luces
artificiales, las prisas sin sentido y continuar corriendo detrás del éxito
vacuo, del bienestar edulcorado, como pollos sin cabeza que seguimos la estela
de otros pollos sin cabeza confiados en encontrarnos de repente con la
felicidad que nos han vendido. Pararnos en el silencio cuesta. Y me refiero al
silencio creativo y creador que nada tiene que ver con el aletargamiento, la
modorra, sino al silencio consciente, el que nos acerca de manera lenta y
tranquila al encuentro con nuestro ser mas profundo, el que nos permite
reconocer sin adormideras nuestro mundo interior poblado de luces y sombras, el
que facilita la parada en nuestro transcurrir por la prisa y la carencia de
tiempo, el que ayuda a conectar de forma directa con nuestras emociones y
hacernos conscientes de nuestros pensamientos y la manera de elaborarlos. Ese
silencio considerado ya como articulo de lujo ayuda a aliviar la tensión reduciendo
los niveles de cortisol, estimula la regeneración neuronal, incrementa la
creatividad, reduce la presión sanguínea, aumenta la capacidad de atención y concentración,
mejora las capacidades cognitivas…. Y sin duda la ciencia nos permitirá seguir
descubriendo y valorando otros beneficios derivados de la práctica del
silencio.
Siempre me pareció especialmente acertado ese proverbio
oriental que dice: “Si lo que tienes que decir no mejora tu silencio, entonces cállate”
viernes, 29 de diciembre de 2017
¿CUÁLES
SON TUS MIEDOS?
Decía M. Benedetti refiriéndose al miedo que “no es que seamos cobardes, sino que aún no hemos encontrado el
motivo para mostrar nuestro coraje” y quizás tuviera razón.
El miedo es una emoción básica descrita por L. Greenberg.,
A. Damasio, P. Ekman y otros expertos en el mundo emocional, como una
perturbación angustiosa del ánimo ante un peligro real o imaginario, presente o
futuro, que se apodera de nosotros haciéndonos temer que suceda algo peligroso
o amenazante.
Desde un punto de vista meramente biológico podemos definir
el miedo como un mecanismo de supervivencia y de defensa, que permite al
individuo responder ante situaciones adversas con rapidez y eficacia. Es decir,
la emoción que nos ha permitido sobrevivir como individuos y como especie en un
entorno que mostraba peligros y amenazas.
Podemos también abordarlo desde la neurología y lo
describiríamos como la reacción desencadenada por la activación de la amígdala,
una estructura situada en el lóbulo temporal encargada de controlar las
emociones básicas que se activa cuando detecta la fuente de peligro
favoreciendo la respuesta del organismo ante ese peligro que puede ser la
huida, el enfrentamiento o la paralización.
Existen por tanto miedos útiles y necesarios que cumplen
funciones primarias relacionadas con la supervivencia. Pero no quiero referirme
aquí a este tipo de miedos si no aquellos otros que han sido adquiridos a
través del aprendizaje y que aunque en el momento de su aparición pudiesen estar
asociados a la supervivencia, cuando ya ha cesado el peligro continúan
instalados en nuestra mente, casi siempre de forma inconsciente, bloqueándonos
e impidiéndonos afrontar nuestra vida de una manera mas saludable y plena. Son
esos miedos fraguados en la relación con nuestras personas referenciales
(padres, hermanos, abuelos, amigos, profesores...) y que aunque no de manera explícita,
se nos han transmitido con cierta frecuencia. Entre otros el miedo a no ser
queridos, a ser rechazados, a no ser suficientemente buenos (padres, madres, hijos,
estudiantes, deportistas, profesionales...), a no cumplir con las expectativas
que se han creado sobre nosotros, a la soledad, al desamor, a no ser valioso, a
no triunfar, a carecer de identidad, a ser dañados, a la enfermedad, a la
muerte……. Estos y otros muchos pueden permanecer anclados ofreciéndonos un
espacio vital en el que la angustia, la ansiedad, el estrés, la neurosis
acampan con extraordinaria facilidad convirtiendo nuestra vida en algo ingrato
y doloroso.
Sabemos que estos miedos tienen un origen que muy
probablemente tiene que ver con lo comentado anteriormente y que conviene
identificar y abordar, pero sobre todo sabemos que se mantienen y alimentan
debido a los pensamientos, la mayoría de ellos inconscientes, que hemos ido
desarrollando sobre todas y cada una de las situaciones que nos producen miedo,
imaginándolas como reales y otorgándolas un valor de certeza que nos infunde el
mismo miedo que si fueran reales pero sin serlo. Todos reaccionaríamos de
manera similar ante un tigre que viene corriendo hacia nosotros; o huiríamos si
confiamos en nuestra velocidad, o nos enfrentaríamos si nos sabemos fuertes y
no hay otra opción o nos quedaríamos bloqueados pretendiendo pasar
desapercibidos.
Esas formas de afrontar el miedo responden a una estrategia
innata de supervivencia, y podemos decir de ella que es adaptativa pues
responde al aquí y al ahora. Pero cuando experimentamos miedo ante la reacción
de nuestros padres por una mala nota, o no nos defendemos cuando nos humillan o
faltan al respeto por miedo a generar conflicto, o nos bloquean las opiniones que
otras personas incluso ajenas a nuestro círculo cercano pueden tener sobre
nosotros, o nos venos obligados a cumplir con los requisitos de comportamiento
social que marca nuestro grupo de amigos no vaya a ser que nos excluyan del
mismo, o cuando tememos defraudar a nuestros mayores por no haber “triunfado”, o cuando el umbral de nuestra
capacidad de renuncia a atender nuestras necesidades es extremadamente bajo por
el temor a ser rechazados o tildados de egoístas, o cuando proyectamos sobre
nuestros hijos nuestros propios miedos
favoreciendo personalidades dependientes y con poca autonomía, estamos
experimentando miedos desadaptativos que casi nunca responden a amenazas o
peligros reales sino a construcciones de nuestra mente ancladas en experiencias
previas ante las que no hemos podido desarrollar adecuadamente nuestros modos
de afrontamiento.
Esos son los miedos que ayudan a construir nuestras
neurosis, nuestras fobias, nuestras relaciones de dependencia, nuestra
dificultad para expresarnos de forma asertiva, nuestra baja autoestima,
nuestras angustias y no lograremos sentirnos bien con nosotros mismos, con los
demás y con nuestro entorno sino somos capaces de reconocer cuáles son nuestros
miedos, cómo actúan y de qué forma puedo ir desmontándolos. El miedo es de las
pocas emociones que no tienen atajos para superarlas, es necesario afrontarlos
y enfrentarlos, cada uno con los recursos y medios de los que disponga, pero
mirándolo de frente y asumiendo las consecuencias que conlleva dicho
afrontamiento. La recompensa puede ser una vida más libre, más plena, más
gozosa.
jueves, 5 de octubre de 2017
Reflexiones al hilo del conflicto catalan
REFLEXIONES AL HILO DEL CONFLICTO CATALÁN
Durante algún tiempo he querido y
podido mantenerme suficientemente al margen de este conflicto pues no revestía
demasiado interés para mí y estaba convencido (en parte aún lo sigo estando) de
que es una preocupación creada y diseñada por los que manejan los hilos del
poder para embarcarnos en confrontaciones sin sentido pero con gran carga
emocional.
Evidentemente lo han conseguido y aquí me veo tratando de expresar
mis sensaciones y reflexiones al respecto. Debo decir antes de explayarme que
soy alguien que carece del más mínimo sentimiento patriota; no me emocionan los
himnos, ni las banderas, ni mucho menos los desfiles o paradas militares o
cualquier otra acción encaminada a ensalzar los símbolos y valores patrios.
Entiendo que esta declaración generará ya sentimientos de repulsa sobre todo en
aquellos que sí se sienten patriotas. ¡Qué se le va hacer! Supongo que al igual
que la fe y otros sentimientos afines, el sentimiento patriota se tiene o no se
tiene y por mucho esfuerzo que uno haga o por más que otros pretendan
convencerte de lo importante de tenerlo, no va a aparecer como por encanto.
Esto no me lleva en absoluto a descalificar a los que lo tienen, confío en que
ellos tampoco lo hagan con los que no lo tenemos. En mis años adolescentes
cuando estudiaba bachillerato tuve un profesor de religión, un cura sabio y
bondadoso, que nos decía: “La fe es un don que dios da, pero no todo el mundo
es depositario de ese don”. Parece ser que en el reparto del don de patriotismo
a mí no me tocó.
Por el contrario, sí soy capaz de
identificarme con lo provinciano, incluso más con lo local, con lo aldeano. Decía
Rilke que la patria del hombre es su infancia y muy posiblemente esa
experiencia infantil en la que uno va descubriendo los afectos, la amistad, los
valores, algunas creencias, también los temores y la frustración… todo ello
aderezado con olores, formas, colores, voces y sonidos de un determinado
paisaje y paisanaje configuran un elemental sentimiento de pertenencia que en
mi caso permanece a lo largo del tiempo. Yo nací y crecí en un pequeño pueblo
del occidente asturiano, allí están mis raíces, de allí me siento, ese es mi
lugar, al que vuelvo con la frecuencia posible para encontrar siempre esa
indescriptible sensación de plenitud y paz. Pero esto no me impide ser
consciente de la casualidad del encuentro entre esa tierra y yo. Y de que, de
no ser por esa casualidad, que agradezco y valoro, podría haber nacido y
crecido en cualquier otro lugar del mundo en el que puestos a escoger y visto
lo visto, no me hubiera importado nada que hubiera sido en algún pequeño pueblo
de las Landas francesas o en alguna ciudad manejable de Nueva Zelanda o Canadá,
lugares todos ellos que parecen priorizar mejor a sus ciudadanos.
Así pues, no debe resultar
extraño entender que mis preferencias se inclinen más hacia las personas, seres
tangibles y concretos a los que puedo comprender y sentirme comprendido, que
hacia las patrias o naciones, construcciones artificiales, cambiantes a lo
largo de la historia y estructuradas en su mayoría usando la violencia
(guerras, conquistas…) para responder a los intereses de los poderosos, a su
codicia, a su soberbia y a su odio. El Doctor Samuel Johnson, eminente
ensayista, literato y filósofo ingles de finales del XVIII decía que el
patriotismo es el último refugio de los canallas, imagino que la percepción de
la realidad de su época le llevó a tan curiosa conclusión. A mí me resulta más
acertado considerar el patriotismo como uno de los refugios de los gregarios.
De aquellos que sintiéndose cómodos en el modo de hacer, “pensar” y sentir del
grupo al que pertenecen no desarrollan ningún espíritu crítico, construido
desde la reflexión y la duda y basado en la formación y el conocimiento. Y no
lo hacen porque no lo necesitan, ya hay otros que lo hacen por ellos, solo
tienen que seguir las pautas y normas que les dictan. Es más fácil convencer a
una colectividad que a un individuo. La colectividad es gregaria por
definición, el individuo puede tener la osadía de pensar y dudar y eso siempre
es peligroso para el poder, pero requiere un esfuerzo. Resulta más cómodo
seguir las consignas de quienes detentan el poder y lanzan las soflamas que, a
través de las tripas, enardecen los sentimientos de otros iguales a mí con los
que comparto símbolos y creencias. En esto patria y religión tienen bastantes
puntos en común.
Decía Baroja que “El carlismo
-sinónimo de atavismo e ignorancia para D. Pio- se combate leyendo y el
nacionalismo viajando”. Estoy bastante de acuerdo. Por eso, cuando desde
visiones nacionalistas se pretenden construir nuevas patrias me produce
bastante tristeza, en realidad a mí me gustaría suprimir las que hay y buscar fórmulas
de convivencia y asociación más cercanas a las personas donde se pudiera
decidir sobre los aspectos que atañen a su vida sin esperar al paripé
democrático del voto cada 4 años. Me temo que esto no lo voy a ver.
Aun así, puedo entender ese
sentimiento nacionalista construido por un lado desde la creencia que la nueva
patria va a satisfacer mucho mejor los anhelos que se tienen y que ahora son
ninguneados y cercenados, pero también construido desde la percepción de
sentirse diferente y la necesidad de ser reconocido como tal. Ese sentimiento
conlleva casi siempre la exclusión. Sentirse diferente siempre es respecto a
otro y si nos empeñamos en buscar las diferencias en lugar de las semejanzas
las vamos a encontrar, solo es cuestión de insistir. Soy de los que creen que
es más complicado acercarse al otro consciente de nuestras diferencias, pero
con el ánimo de buscar nuestras semejanzas y construir desde ahí, que percibir
las diferencias como amenazas y por tanto buscar la protección o el ataque. Los
políticos son especialistas en transmitir estos miedos, les genera mucho rédito
electoral.
Dicho esto, me parece una
aberración y un sinsentido lo que está ocurriendo en Cataluña. Observo por un
lado la actitud del gobierno central del Sr. Rajoy que desde hace ya años
entendió que demonizar Cataluña y a los catalanes le iba a resultar muy
rentable en términos de votos pescados en los caladeros de la España más visceral
y carpetovetónica. Su veto al Estatut aprobado en referéndum por los catalanes
y refrendado por las Cortes Españolas utilizando al TC poblado de jueces amigos
para echarlo abajo muestra bastante bien el perfil y la catadura moral de este
personaje y su nulo nivel de responsabilidad como dirigente político.
Presidente sin escrúpulos del partido más corrupto de la reciente historia de
Europa que en cualquier otro país con una mayor cultura democrática ya hubiera
tenido que dimitir por ética y por vergüenza, valores de los que parece
carecer. De otro lado los partidos independentistas que apelando también a las
vísceras y menospreciando a una parte importante de la sociedad catalana a la
que suelen ningunear e insultar por pensar diferente, se erigen en propulsores
de un referéndum sesgado, poco objetivo y de escasa neutralidad con el fin de obtener
la ansiada independencia generadora del maná más dulce aunque no sean capaces
de explicar cómo va a llegar ese maná y quiénes lo van a repartir.
Cuando leo en las redes sociales
las opiniones/consignas de los defensores de uno y otro lado en las que el
insulto y la mas soez chabacanería suele ser el modo habitual de comunicarse
siento una profunda vergüenza y la convicción de que esto tiene mal arreglo. El
odio, emoción también dulce, está tan presente que seguramente costará años
volver a restañar las heridas provocadas por él. Entre insulto y ladrido se
pueden extraer algunas gotas de argumentario. Por un lado y como si de un
mantra se tratara la alusión por parte de los “españolistas” a la ilegalidad
del referéndum pues no lo contempla la constitución española y por tanto no es
posible su realización sin antes ser aprobado por las cortes española que
debería hacer una reforma de la constitución. Hasta ahí lo que dice la ley. Mi
reflexión al respecto me lleva a pensar que según esta hipótesis probablemente
la esclavitud aun estaría vigente, no habría sufragio universal, las mujeres
seguirían sin poder votar, los niños trabajarían 10 horas diarias, la semana
laboral de 40 horas seguiría siendo una utopía, La india seguiría formando
parte del imperio británico y Mandela, hoy icono del buen liderazgo,
posiblemente hubiera muerto en la prisión de Rode Island acusado de terrorista……
Ninguno de estos logros y otros cientos los estaríamos disfrutando ahora si las
personas que lucharon para conseguirlos hubieran esperado a que los que habían
confeccionado y redactado las normas que
permitían mantener todas aquellas situaciones, decidieran por inspiración
divina o iluminación consciente cambiarlas para dar alegre acogida a dichas peticiones. Supongo que no se lo cree
nadie. La constitución española va a cumplir 40 años, se redactó en un momento
determinado de nuestra historia y trató de recoger y atender en sus artículos
la situación de aquel momento. Pero los años han pasado y quiero creer que las
circunstancias también y no ha habido el necesario “ejercicio” de adaptación
a nuevos tiempos y a nuevas situaciones,
es la constitución europea que menos modificaciones ha tenido en estos 40 años,
concretamente dos : una en 1992 para adaptarse
al tratado de Mastricht, exigida por la UE y aprobada por todos los grupos parlamentarios
y otra en 2011 según las malas lenguas impuesta por la Sra. Merkel para modificar
el artículo 135 y establecer “el equilibrio presupuestario” pues peligraba el pago de la deuda a los bancos alemanes y
franceses acreedores principales de nuestra deuda. Esa fue aprobada
prácticamente sin debate parlamentario con los votos del PP, UPN y del PSOE
salvo 3 diputados de este grupo que se salieron supongo que para evitar la vergüenza
subsiguiente. El resto de grupos votó en contra. Parece ser por tanto que la
constitución es modificable, solo falta voluntad política para hacerlo. Cuando
una norma por sagrada que sea no recoge las inquietudes y necesidades de los
ciudadanos, que van cambiando con el paso del tiempo, y se convierte en un
corsé estrecho e incómodo parece que lo lógico es adaptar la norma a los
cambios y no que los ciudadanos desistan de querer lo que quieren. Esto último
se puede intentar por muchos medios, incluida la fuerza, pero va a volver a
surgir y muy posiblemente con muchos más adeptos que antes. Y entiendo que ahí
debe aparecer el arte de la política que no es otro que el dialogo, la
negociación, la búsqueda de acuerdos…. pero parece que los elementos de este
arte brillan por su ausencia en nuestra clase política donde la soberbia, la
mentira, y la manipulación han tomado asiento desde hace bastantes años.
Los independistas suelen
argumentar el sagrado derecho a decidir y efectivamente puede ser un derecho
sagrado. Lo suscribo. Pero cuando para poder ejercitar ese derecho, desde el
gobierno y las instituciones catalanas supuestamente garantes de la defensa de
ése y demás derechos de TODA la ciudadanía catalana, se saltan a la torera las
propias normas establecidas por ellos mismos y ningunean a la mitad de la
sociedad catalana para atender exclusivamente sus propios intereses algo no va
bien. Cuando se impide un debate parlamentario para debatir algo tan importante
como la posible llamada a las urnas en las que se quiere que se decida el
futuro de Cataluña, desde luego no parece lo más democrático. Cuando desde
determinados grupos independentistas se insulta, se amenaza y se pretende
humillar a otras personas por el mero hecho de expresar opiniones contrarias al
pensamiento único como ha sido el caso de personajes públicos del mundo de la
cultura como Serrat, Juan Marse, Isabel Coixet o Eduardo Mendoza, esto me
genera un reconocible temor pues parece que la intolerancia no distingue
colores ni ideologias y me retrotrae a otros tiempos no tan lejanos en los que
en este país corrías serios riesgos por
expresar pensamientos diferentes a los que marcaba el régimen.
Estoy convencido de que existe
una enorme dificultad en variar el rumbo que han adquirido los acontecimientos,
que nos hemos metido en un tobogán alimentado por el odio y los miedos y que se
necesitará coraje y decisión para buscar otras soluciones que no sean las
acostumbradas, y que los que nos han llevado a esta situación por su
incapacidad para el dialogo y la negociación deberían dejar paso a otros con
mayores capacidades para hacerlo y sin el lastre de los intereses tan obvios
que les mueven.
En el ejercicio de mi profesión
me encuentro con alguna frecuencia con parejas que acuden a mi consulta a
intentar resolver una situación que está dañando seriamente su convivencia. No
siempre acuden los dos con el mismo objetivo, en ocasiones uno lo que pretende
es que les ayude a separarse de forma civilizada y el otro que les ayude a
reencontrarse. Es importante que ambos conozcan sus intenciones, aunque pueda
ser doloroso, y a partir de ahí ayudarles a reconocer lo que les encuentra y
separa, a conectar con sus sentimientos y emociones y si después de todo el
proceso deciden darse otra oportunidad para seguir el camino juntos estupendo y
sino es así y deciden, aunque solo sea uno el que lo desea, que no pueden
seguir juntos, pues tendrán que aceptarlo y asumir las consecuencias. Desde
luego a mí no se me ocurre decirles que dado que en su momento se habían
comprometido a estar juntos para toda la vida según lo firmaron ante la Sta.
Madre iglesia o cualquier otro testigo cualificado pues tienen que aguantarse. No parece de recibo ¿verdad? También es cierto
que cuando acuden son conscientes que existe un problema y que ellos solos no
están en condiciones de afrontarlo y que casi nunca la responsabilidad de lo
que ocurre la tiene en exclusiva uno de los dos sino que suele ser compartida.
Evidentemente este ejemplo de la dificultad de convivencia en pareja no explica
todo lo que está ocurriendo en el conflicto catalán, pero hay alguna similitud
que al menos a mí me ayuda a entenderlo mejor. Si la clase política de este
país no entiende que existe un problema y que es un problema grave y que los
modos de afrontar ( o no afrontar) el problema no solo no lo han resuelto sino
que lo están agravando, algo habrá que cambiar porque si no será imposible que
podamos llegar a buen puerto.
“No podemos esperar que ocurran cambios si hacemos siempre
lo mismo”. A. Einstein
lunes, 15 de mayo de 2017
DE TALENTOS DESPERDICIADOS
Nos cuenta Mateo
en el capítulo 25, 14-30 de su evangelio la conocida parábola de los talentos.

No es difícil extraer
la enseñanza de esta parábola. A todos se nos han dado determinados talentos
que debemos cultivar y trabajar. En ocasiones la pereza, el miedo, el
desconocimiento… nos impiden reconocer y desarrollar dichos talentos.
Cuántas
veces no hemos escuchado comentarios sobre la vida desperdiciada de algún
conocido, o la pena que produce que una persona con reconocidas habilidades
para cualquier actividad se haya quedado muy lejos de haberla desarrollado con
éxito.
Parece claro ¿verdad?
Sin embargo, a lo largo de mi experiencia como psicoterapeuta y coach me he
encontrado con numerosas personas dotadas sin duda con verdaderos talentos para
brillar en distintas disciplinas, pero también con experiencias duras y
traumáticas que les han llevado por otros derroteros vitales y en muchos casos
a tener que utilizar esos talentos para poder sobrevivir emocionalmente. Me
viene a la memoria Maslow y su pirámide de necesidades. No podemos alcanzar los
últimos peldaños de la pirámide (autorrealización, reconocimiento) si aún
tenemos pendientes la supervivencia y la seguridad.
Esto ocurre a nivel
individual, pero cuando hacemos una reflexión en la que entendemos a la persona
como miembro de un grupo, de una familia, de un género, de un país, de una
clase social… el tema de los talentos se complica. Estoy leyendo un interesante
libro de un autor americano, Bill Bryson, titulado “Una breve historia de casi
todo” en la que hace un recorrido por los grandes descubrimientos científicos
de la humanidad centrados fundamentalmente en los 3 ultimos
Descubrimientos en el campo de la física, la química, la geología, la
biología… y aunque la sospecha ya era evidente, he comprobado que casi todas
estas personas generadoras de muchos de los mayores avances científicos de la
humanidad eran o vivían en el mundo anglosajón y/o occidental.
Tuve curiosidad
entonces por conocer los ganadores por países de los premios Nobel, que puede
ser un criterio más o menos objetivo de valoración y reconocimiento del
talento. Desde 1901, año en el que se otorgaron los primeros Nobel, y hasta
2015 la palma se la lleva EEUU con 349 laureados, seguido por Gran Bretaña con
121, Alemania 105, Francia 61 y así hasta el puesto 23 en el que se encuentra
España con 7, 5 de literatura y 2 de medicina. Ramon y Cajal en 1906 y Severo
Ochoa en 1959 cuando llevaba ya varios años viviendo y trabajando en USA.
Por
supuesto detrás de España están todos los países que consideramos del tercer
mundo y delante todos los europeos más Japón, Australia, Canadá, China…
aquellos que parece han dado más valor a la educación, la investigación….
La
reflexión que me hacía después de observar esto estaba relacionada con la
posibilidad de que la naturaleza fuera injusta e hiciera una selección a la
hora de repartir talentos en base a la distribución geográfica, pero evidentemente
no parece muy sostenible esta hipótesis. No parece factible que en la mayor
parte de África donde habitan 800 millones de habitantes no hubiese caído
ningún talento, ni en la mayoría de Asia, ni en América latina, ni en casi
todos los países de oriente medio. Me parece mucho más aceptable como hipótesis
que los talentos puedan llegar a todos de manera razonablemente proporcionada, pero
si no existe la posibilidad de desarrollarlos esos talentos desaparecen o bien
se utilizan para poder sobrevivir en mundos terriblemente hostiles y crueles.
Es posible que haya niños somalíes o sudaneses con talentos para trabajar sobre
la teoría de cuerdas, pero su reto está en llegar vivos al día siguiente, ahí
emplean sus talentos.
Me niego a creer que esa sea la proporción
de talento por género que se encuentra en la humanidad. Parece mas bien, de
nuevo, que la desigualdad, los prejuicios, un machismo rancio y casposo
instalado desde antiguo impiden que la mujer pueda desarrollar sus talentos al
mismo nivel que los hombres. Me resultó curiosa la anécdota que Bryson cuenta
en el libro mencionado sobre Mme. Curie, única mujer ganadora de dos premios
nobel: De física en 1903 compartido con su marido y de química en 1911, este último
cuando ya su marido había fallecido. Pues bien, Mme Curie nunca fue aceptada
como miembro en la Academia francesa de las ciencias, en la que, evidentemente,
todos sus miembros eran hombres y además algo prejuiciosos e intolerantes. Y eso
ocurre en la Francia de la “Liberté, egalité, fraternité”.
Aunque todo esto no
me consuela, me ayuda a entender algunas cosas sobre cómo nos permitimos
desperdiciar el talento para seguir instalados en un mundo regido por intereses
más cercanos a lo primitivo y al miedo. “Muera la inteligencia, Viva la muerte”
le decía Millan Astray a Unamuno.
martes, 9 de mayo de 2017
RETIRO DE SILENCIO Y MEDITACIÓN
(Un
viaje al encuentro con la espiritualidad y la sabiduría de cada uno)
CONVENTO-RESIDENCIA DE LAS MONJAS
TRINITARIAS EN CABEZUELA DEL VALLE (VALLE DEL JERTE) CACERES
9,10
Y 11 DE JUNIO
Un
espacio único en pleno
corazón
del valle del Jerte
para
hacer un alto en el camino
y
permitirte reconocer tu especial
mundo
interior
Un
tiempo para compartir el silencio y la naturaleza privilegiada que nos rodea.
Un tiempo para conectar con nuestra paz y armonía interior
FACILITADOR:
Manuel Garcia Blanco.
Psicólogo C.
M-15690. Máster en RRHH. Máster en psicoterapia individual y de grupo. Experto
en análisis bioenergético (SOMAB). Coach personal y ejecutivo. Formado en Eneagrama. Experto en
Mindfulness. Formador y profesor en numerosos cursos impartidos a diversas
instituciones y organizaciones
PRECIO DEL RETIRO:
135€.
Incluye Alojamiento en habitación individual en régimen de P.C. Hora de llegada 18,00 del viernes, hora de
salida 15,00 del domingo. Plazas limitadas
sábado, 22 de octubre de 2016
EL MIEDO A DECIR ADIOS
Esta
sensación aparece cada vez con más frecuencia en los procesos de perdida y
duelo a los que nos enfrentamos a lo largo de nuestra vida. No siempre responde
a las mismas causas. Cada persona es única y distinta y desarrolla modos de
afrontamiento de su realidad diferentes y específicos
Olalla Arganza lleva 30 años casada. Y a lo largo de todo este tiempo ha vivido multitud de situaciones, tanto gratificantes y satisfactorias como decepcionantes y cargadas de frustración. Desde hace algo más de dos años estas últimas han tomado más cuerpo y se han hecho más presentes dando salida y poniendo nombre a experiencias ingratas, generadoras de malestar y angustia todas ellas relacionadas con el papel que juega y ha jugado en su matrimonio. Siendo más consciente de cómo ha tenido que ir renunciando a aspectos que consideraba importantes y saludables para ella, y cómo ha llegado a incorporar como normales situaciones humillantes y vergonzosas en la relación con su marido adoptando una actitud resignada que le genera un profundo dolor y rabia.
Olalla
Arganza se pregunta una y otra vez, sobre todo ahora que sus hijos, ya mayores,
se han independizado, qué motivos le hacen seguir apegada a una relación tan tóxica
que contamina toda su vida, desde lo profesional hasta lo relacional y
emocional.
Olalla está afectada
por el miedo. Esa emoción básica que cuando es adaptativa nos permite
sobrevivir como especie y como individuos activando nuestro sistema de defensa
y/o ataque para protegernos de amenazas reales que pueden poner en peligro
nuestra propia existencia, pero que cuando no es adaptativa actúa como
bloqueante y nos impide crecer y desarrollarnos y desprendernos de esos
anclajes construidos sobre amenazas imaginarias que nos atan con fuerza a
situaciones cargadas de toxicidad y herrumbre.
En
el trabajo con Olalla abordamos ese miedo intentando ponerle los apellidos
necesarios, tratando de descifrar de qué está hecho y qué lo nutre. En
ocasiones Olalla conecta con el miedo a la soledad y le atribuye un papel
importante en esa dificultad para desprenderse de su lastre. Pero no percibe
que sea suficiente motivo, no acaba de sentir el insight que le abra esas
puertas a la luz.
En otros momentos profundiza más, entra más hacia el fondo, aparcando su
enorme capacidad para razonar, etiquetar, valorar… y descubre, entre asustada y
aliviada, que el miedo profundo que la atenaza es a ser abandonada, a ser excluida
y perder entonces un espacio valioso en el que, a pesar de las humillaciones,
ninguneos, desprecios…. se siente útil e importante. En ese espacio ella
resuelve, atiende, protege, cuida, aunque no haya reconocimiento explícito por
parte de su marido ni, mucho menos, agradecimiento.
Pero
desde el modo de ser y estar en el mundo, identificada con el eneatipo 2 del eneagrama,
Olalla satisface ese deseo básico de cuidar y proteger, y si considera que
fuera de ese espacio, aunque sea tan árido y contaminado, no va a poder
ofrecérselo, el vacío que intuye le resulta absolutamente insoportable. De ahí,
que su umbral de aguante para soportar esas situaciones humillantes,
desconsideradas, carentes del mínimo respeto, es desproporcionadamente alto. Y
se coloca con frecuencia en la esperanza de ver si él cambia y se da cuenta del
esfuerzo y la generosidad que ella está ofreciendo a la relación. Y así ha ido
pasando el tiempo, esperando que el cambio, que no depende de ella, llegue. Pero,
como Godot, ese cambio nunca llega.
Olalla
no podrá decir adiós hasta que sea capaz de reconciliarse consigo misma y
percibirse como alguien merecedora de ser aceptada, querida y reconocida de una
forma mas sana y equilibrada y poder desarrollar sus rasgos esenciales de
cuidar y atender empezando por ella, colocándose en el centro de la diana de su
afecto y protección. Porque no podrá cuidar y atender a nadie sino es capaz de
hacerlo consigo misma, y quizás desde ese instante, ese apego dependiente que
le impide avanzar hacia cotas de mayor bienestar perderá fuerza y le permitirá
decir adiós. A pesar del dolor que sin duda producirá esa ruptura pero pudiendo
recibir también el enorme abrazo liberador que significa sentirse dispuesta a
ofrecerse a si misma amor y libertad mientras coge, poco a poco, las riendas de
su vida.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)










