martes, 1 de abril de 2014


LA RUPTURA, LA PERDIDA, EL DUELO.

Son tantos los motivos que llevan a la ruptura de una relación como personas que la viven.

Cuando Tomas llego por primera vez a mi consulta presentaba un aspecto poco saludable; ojeras profundas, sensación de cansancio largo, torpe aliño indumentario, tono de voz bajo y monótono, y una tremenda tristeza en la mirada.

Tomas tiene 48 años y después de 10 años de relación con Lucia habían decidido dejarlo. Era la segunda relación larga que tenia Tomas y de esta compartía con Lucia una hija de 7 años. Con su primera pareja había tenido un hijo, ahora con 20 años.

Era principios de septiembre, Tomas llevaba dos largos meses durmiendo mal y sin apenas apetito y presentaba una enorme dificultad para concentrarse en su trabajo y en cualquier otra cosa que no fuera deambular arriba y abajo por las causas de la ruptura, el resentimiento, la pena honda, el odio, la soledad y el miedo.

Las conversaciones con sus amigos y allegados se habían hecho monotemáticas, la ancha cama compartida un espacio inhóspito y vacio al que no podía volver, cualquier rincón de la casa, del patio, del paisaje adyacente a su casa un lazo con los tiempos cercanos y remotos repletos de la presencia de Lucia. Sonidos, olores y sabores atizaban su memoria sin consideración alguna en busca de la voz, del perfume o de los platos cocinados por Lucia. Tomas estaba rodeado, sumergido, inundado por la pena.

En una misma sesión pasaba de la rabia y el odio encarnizados a la tristeza y la compasión contaminados de esperanza. No podía entender que Lucia le hubiera abandonado y que lo hubiera hecho de la forma que lo hizo. No soportaba que le hubiera  sustituido por otro que había asomado a internet en una de esas páginas de contactos repletos de “cazaincaut@s”.

Lucia le había mentido cuando la había descubierto y eso le parecía terriblemente desleal, no se merecía esto y creía que la relación vivida le permitía aventurar, en caso de ocurrir, un desenlace diferente.

Tomás se sentía herido y se había instalado en el sufrimiento.

 La perdida de lo que vivimos como amor y de la persona que lo encarna siempre es dolorosa. Y el dolor, esa emoción tan consustancial con el ser humano, no conoce atajos para salir de él.

 El dolor hay que dolerlo. Pero esa experiencia resulta, en ocasiones, insoportable y al igual que cuando sentimos dolor físico utilizamos de manera cada vez más rápida el analgésico aliviador que efectivamente alivia pero que también puede impedir el conocimiento de la causa que provoca el dolor, de la misma forma en el dolor emocional nos resulta dificultoso asumir que nos han dejado de querer, que ya no somos especiales e importantes para  la persona querida, que somos sustituibles e innecesarios  y eso suele ser inadmisible para nuestro ego robusto y programado que se apoya en el sufrimiento pretendiendo cruzar la travesía del desierto del dolor mas aliviado. Pero el sufrimiento no es buena compañía. Es una mala elaboración del dolor, es la sal que vertemos en la herida y que la impide cicatrizar pues necesitamos atender la demanda del “Yo” impregnado de orgullo, celos, apego…. Y aparecen entonces las preguntas y los pensamientos recurrentes   ¿Porqué a mi?, ¿ Qué he hecho mal?.  Si hubiera actuado de otra manera… pero claro cómo iba a saber yo.. Si apenas hace unas semanas todavía me dijo que me quería.  ¿Cómo ha podido ser tan desagradecida?. ¿Cómo es posible que no valore lo que yo he hecho por la relación? ¡¡Qué…… (poner el insulto que mas os agrade)¡¡ ¡¡No se da cuenta del daño que le va a hacer a la niña¡¡¡

Y así, enfrascados en esa dinámica pasan las semanas y los meses entre la pena, la rabia, el odio y la esperanza del regreso, sin poder cerrar la puerta que nos ayude a reencontrarnos con la parte más saludable de cada uno de nosotros. Aceptando que en ocasiones nuestra realidad no es como nos gustaría pero es como es, y que es necesario reconocerla para poder afrontarla y cambiarla sin las mochilas tóxicas que conlleva el sufrimiento.

Después de unos meses Tomas ya siente que para caminar y crecer con su hija y que para caminar y crecer consigo mismo no es necesaria la presencia de Lucia. A veces va y viene de la pena al sufrimiento, pero éste se muestra con mucha menos virulencia y esto le permite, entre otras cosas, conectar de manera saludable con su magnífico sentido del humor.

martes, 4 de febrero de 2014


REFLEXIONES SOBRE LA PAREJA

 

Parece ser, según sesudos estudios, que el enamoramiento adulto es el fruto de tres tendencias biológicas:


Cuidar y sentirse cuidados

Proteger y ser protegidos

Y vincularse sexualmente.

Es posible que esto explique algunas de las conductas observadas cuando decimos estar enamorados pero creo sinceramente que resulta pobre y escaso a la hora de definir las emociones y los sentimientos que provoca el hecho absolutamente extraordinario de la vivencia del amor: la pasión, la obsesión, la necesidad constante del otro, la alegría, el desbordamiento, la unión, la complementariedad, la fantasía, lo eterno……. La lista seria interminable.

Y es posible que esto ocurra motivado por esas tendencias biológicas, pero no sabemos qué es lo que nos lleva a enamorarnos de una persona y no de otra, porqué nos ocurre en determinados momentos y porqué tiene una duración determinada y por supuesto qué deseos y necesidades hacen que entremos en ese estado de enajenación mental y porqué unas personas están mas predispuestas que otras a que les ocurra ese trance.

Suelen aparecer los primeros problemas cuando el deseo/necesidad se manifiesta con suficiente virulencia como para impedir una percepción mas global de la otra persona, como para minimizar las diferencias y negar las incompatibilidades obvias. Es decir cuando el modelo fantástico e ideal que hemos construido del otro para poder dar rienda suelta a nuestras necesidades amatorias tiene poco que ver con la realidad cotidiana de ese otro que poco a poco tiende a aparecer y mostrarse con toda su crudeza, echando por tierra aquel modelo construido en exclusiva para intentar satisfacer nuestras necesidades desnudas. Las aspas de los molinos nos golpean inmisericordes haciéndonos contactar con nuestra tierra/realidad sin miramiento alguno.

Son muchas las hipótesis que me ayudarían a explicar la búsqueda intensa de pareja. Desde motivos biológicos a los que aludí al principio y parecen ser comunes a toda la especie, hasta motivaciones narcisistas pasando por miedos a la soledad o a  la necesidad de encontrar la felicidad en el hecho de compartir, de dar y recibir, de querer y ser querido, de construir juntos…. En fin supongo que todas son validas y ninguna única.

La experiencia de pareja vivida durante largo tiempo, los años de análisis personal y las propias reflexiones  han ayudado y ayudan a J. (paciente con soltura terapeutica)a comprenderse como miembro de una pareja. Así, no le ha costado llegar a algunas conclusiones en las que  puede percibirse fácilmente como una persona apasionada, amorosa, tierna, comprensiva, ilusionante, seductora en los primeros momentos del encuentro, en los que las motivaciones narcisistas se hacen presentes y muestran todo su repertorio de elementos epatantes que hacen difícil el fracaso de la aceptación por parte de la otra persona. En esta fase hay poca escucha y mucho deslumbramiento. Se necesita no solo ser aceptado sino también valorado y ensalzado. Apenas se da tiempo para escuchar y conocer al otro, se necesita tener la seguridad de la aceptación y valoración. Una vez obtenidas se puede permitir la escucha algo mas atenta.

Cuando esto ocurre, la realidad que aun no había asomado hace su aparición y empieza a desmontar la creación fantástica que se había ido construyendo. Es una realidad que también tiene demandas, deseos y necesidades y los hace patentes. Y por supuesto, es una realidad que aunque menos explicita también construye modelos ideales que den respuesta a esas demandas y deseos.

Y lógicamente ahí comienzan los choques y las  manifestaciones de divergencias.

En el modelo que J. construye prevalece la figura sexualmente activa, amorosa y tierna, tolerante, respetuosa, curiosa intelectualmente, formada y culta, con sentido del humor, que manifiesta gusto por el deporte, por los viajes, por la lectura, la música, por el cine, el teatro, profesional, independiente económicamente y con relaciones maduras con su familia de origen, capaz de hacer y estar sola…… podría seguir enumerando pero ya hace tiempo que se ha dado cuenta de su inexistencia. Y aun así, en lo más profundo de sí, está convencido de que puede encontrarla. Por eso continua suficientemente indemne a los “zarpazos” del enamoramiento.

Por otro lado la experiencia y la madurez le ha enseñado a prescindir de aquellos rasgos menos relevantes en su modelo para evitar episodios de frustración amenazantes. Encontrar el equilibrio entre aquello que está dispuesto a renunciar y entre lo que le resulta imprescindible para poder aceptarse a él mismo como elemento de la pareja es algo dificultoso y absolutamente fundamental en el deambular de la aventura de convivencia con el otro.

Y a la inversa se produce la misma situación. Si para que la pareja funcione según el esquema del otro, según el modelo que ha ido fraguando, tenemos que prescindir de elementos de nosotros mismos, de nuestro entramado psíquico de creencias y valores considerados básicos y fundamentales, tarde o temprano la relación saltará porque se nos exigirá renunciar a algo de nosotros tan consustancial e imprescindible que si lo cercenamos o reprimimos dejaremos de reconocernos e identificarnos, algo que desembocaría en neurosis crónica o en algún otro problema desadaptativo.

De ahí también la necesidad de encuentro de ese equilibrio que nos permita prescindir de lo superfluo para poder parecernos al modelo que el otro construyo de nosotros mismos sin sentirnos afectados en nuestras esencias mas hondas.

En esas anda J. cada vez mas rodeado de incertidumbre e independencia.

lunes, 20 de mayo de 2013


LA DESESPERACION COMO SINTOMA

 

-      Ya   no sé qué  hacer.

Esto es lo primero que me dijo R. una vez que se sentó en el sillón azul situado frente al  mío.

R. tiene 45 años, está casado, tiene dos hijas, es licenciado en historia y ha dedicado su vida profesional al mundo de la publicidad en el que ha trabajado desempeñando cargos de responsabilidad hasta que hace 2 años una fusión que afectó a su compañía lo llevó al paro. Aunque no creía que le fuera a tocar a él, alguna leve sospecha recorría su imaginación en las noches de sueño ligero que comenzaron a aparecer cuando se hizo oficial el anuncio de la fusión.

Las primeras semanas fueron especialmente duras. R se refiere a ellas como “encuentro con el vacio”, con “la ausencia de límites contenedores”, en las que la dificultad incluso física de no poder regirse por unos horarios acuñados desde años y por unas rutinas que delimitaban su zona de confort las hacia insoportables.

Se sorprendía a si mismo caminando hasta la parada del bus que siempre le llevó a su trabajo. En alguna ocasión incluso llegó a subirse y consciente del error se bajó dos paradas mas adelante entre la tristeza y la rabia.

En esos primeros momentos se propuso levantarse a la  misma hora que cuando tenia que ir a trabajar con el fin de seguir conectado a la realidad conocida. Y hasta llevaba a sus hijas al colegio, pero esta sencilla actividad comenzó a resultarle dificultosa. No soportaba verse rodeado de madres haciendo la misma tarea que ellas.

 

Su mujer trabaja como administrativa en una empresa cuyos sueldos apenas rozan lo estipulado en el convenio.

Al despedir a la chica que les ayudaba en las tareas domesticas, se propuso asumir con entereza y eficacia esas tareas, pero la sensación de inutilidad iba minando su autoestima. Empezó a percibirse mas irascible y huraño, cualquier situación podía generar discusiones y desencuentro con su mujer. Sus relaciones sexuales se hicieron demasiado esporádicas y poco gratificantes. Los vínculos con sus amigos se fueron debilitando, sus padres los sentía lejanos y poco accesibles.

Durante esos primeros meses R. recuperó su antiguo C.V. lo remozó y lo envió a decenas de empresas, head hunter, agencias de colocación, instituciones varias. Le llamaron 4-5 veces para hacerle una entrevista, pero la edad casi siempre le invalidaba y volvía indignado e impotente hasta su casa donde le esperaba un cesto de ropa para planchar y la sensación de que  en cualquier momento todo se le iba a venir encima.

La desesperación comenzó a anidar dentro de él. Y esa desesperación es muy capaz de causar estragos, sobre todo cuando se instala poco a poco, cuando va echando raíces, cuando nos invade con mensajes sutiles y directos diciéndonos:

-      Ya has hecho todo lo posible y ya ves: No has conseguido nada.

-      Además cambiar tu situación no depende de ti, las circunstancias externas, la crisis no las puedes cambiar y son las que te están machacando.

-      Quizás no valgas tanto como creías

-      Es posible que no seas tan importante para tus amigos y tu familia.

-      Ya eres mayor para intentar aventuras que nunca funcionan

-      Si hubieras aprovechado aquella oportunidad que te propusieron hace unos años a lo mejor ahora….

… Y estos mensajes poderosos van haciendo mella, anclándose y transformando nuestra imagen del yo, convirtiéndola en frágil y vulnerable.

Y ahí R. toco fondo. Le resultaba insoportable convivir con esa idea de si mismo rodeado de impotencia, incertidumbre y miedo.

Sólo cuando se hizo consciente de su situación y se propuso afrontarla, aun sin saber cómo, es cuando comenzó el cambio.

Porque no podemos cambiar aquello que no reconocemos y aceptamos como nuestro. A partir de ese momento comienza la búsqueda de nuestras fortalezas (a veces escondidas) para abordar el necesario proceso de cambio.

A este respecto ya Darwin nos transmitió que “No sobrevive el más fuerte ni el más inteligente, sino aquel que es capaz de adaptarse mejor a las situaciones cambiantes”

Con frecuencia nos aferramos a nuestra zona de confort y los cambios que en ocasiones nos abocan a sacarnos de ella los solemos considerar como peligrosos y transitorios, como algo pasajero que quizás el tiempo y otras circunstancias externas acabarán colocando nuevamente en su sitio. Porque pensar que esos cambios amenazantes van a constituir nuestra nueva zona de confort nos resulta imposible de aceptar.

R solía repetir una frase cargada de impotencia: “ Pero ¿por qué a mí?. ¿Como es posible?” en la que se apreciaba la enorme dificultad para asumir la nueva realidad.

El trabajo de aceptación sin incorporar pensamientos y sentimientos contaminantes es básico para abordar este proceso. Intentando mantener a flote la autoestima y poniendo en valor aquellos aspectos que también forman parte de nosotros pero que en esos momentos nos cuesta focalizar.

R. estaba en el paro pero era mucho mas que un parado.

Su sensación de vulnerabilidad y fragilidad con las que no estaba habituado a convivir y que rechazaba de plano le generaba un malestar angustioso. A medida que fue aceptando que también podía sentirse vulnerable y que no por eso era menos valioso e importante fue descubriendo que estaba colocando la primera piedra sobre la que construir el cambio y empezó a descubrir en él el padre que no había sido, el hijo que había olvidado, el compañero y cómplice cariñoso, el amigo agradecido, el profesional original y creativo. Es decir una parte importante de esa “multitud de yoes” de las que hablaba W. Wihtman y que han contribuido de forma contundente a reconstruir su autoestima y a sentirse nuevamente valioso y único.

 

viernes, 26 de octubre de 2012

NOAM CHOMSKY: LAS 10 ESTRATEGIAS DE MANIPULACION MEDIATICA

1. La estrategia de la distracción.

El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción, que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. “Mantener la Atención del
público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales” (cita del texto ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas’).

2. Crear problemas, después ofrecer soluciones.

Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.

 3. La estrategia de la gradualidad.

Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.

4. La estrategia de diferir.

Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.

5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad.

La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar
engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. ¿Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad” (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas’).

6. Utilizar el aspecto emocional más que la reflexión.

Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido crítico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…

7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad.

Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores” (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas’).

8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad.

Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto, malhablado, admirador de gentes sin talento alguno, a despreciar lo intelectual, exagerar el valor del culto al cuerpo y el desprecio por el espíritu…

9. Reforzar la autoculpabilidad.

Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus
capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. ¡Y, sin acción, no hay revolución!

10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen.

En el transcurso de los últimos 50 años,los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídas y utilizados por las elites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayor parte los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.