miércoles, 28 de septiembre de 2016



¨CONSIGUE TUS SUEÑOS. O NO”

Absalón Artigas tenía 17 años cuando acudió a mi consulta acompañado por sus padres que mostraban un contenido estado de desesperación.
Quisieron que él estuviera presente mientras desgranaban un repertorio completo de inadaptación, rebeldía e insumisión que les resultaba absolutamente insoportable y estaban dispuestos a tomar decisiones más drásticas, si esta última bala ( me di por aludido en mi papel de proyectil) no daba los resultados deseados que para ellos no eran otros que comprometerse con los estudios, observar las normas de convivencia que imperaban en la familia e incorporar el respeto y la educación como elementos básicos de comunicación.


Absalón escuchó impertérrito durante 45 minutos la catarsis paterna promovida por los problemas conductuales que parecía mostrar en el seno familiar. Era obvio que Absalón estaba allí porque no tenía otra opción.
Le propuse que nos viéramos, ya sin la presencia de sus padres, la semana siguiente.
En el día y hora fijados Absalón apareció puntual, sonriente, vestido con las marcas del momento. Cuando la pregunte el motivo por el que estaba allí me respondió que porque sus padres le obligaban. Me gusta la sinceridad de los adolescentes. Indagué sobre si consideraba que hubiera algún problema en las relaciones con sus padres. Me dijo que sí. Y si él entendía que pudiera tener alguna responsabilidad en esa conflictiva relación. La respuesta a esto fue afirmativa pero no contundente. Me pareció suficiente para hacerle saber la importancia de que acudiera libremente a terapia. De no ser así, yo no estaba dispuesto a hacerle el juego ante sus padres.
El proceso duro algo más de un año y resultó intenso, fructífero y transformador. También para mí.
No sé si Absalón cumple ahora todas las normas y pautas familiares y si en ocasiones expresa de forma iracunda los enfados generados en la convivencia con sus padres, pero sí parece mucho más consciente de su mundo emocional, de su realidad y la de sus cercanos, toma decisiones y es capaz de asumir sus consecuencias, en último término ha adquirido un mayor conocimiento de sí mismo aprendiendo a aceptarse y a reconocer sus fortalezas para superarse y crecer.
Todo esto viene a cuento para reflexionar sobre algo que desde hace algún tiempo viene mostrándose en los manidos manuales de auto-ayuda y se recoge con enorme eco en las redes sociales donde se difunden teorías y modelos avalados por arribistas y “expertos” que utilizando de manera espuria disciplinas como el coaching y/o la psicología positiva lanzan soflamas del tipo: “Consigue tus sueños”, “Alcanza la felicidad”, “No desperdicies más tu vida, disfruta en plenitud” …….






La ignorancia y la osadía no suelen tener límites. Y dada la necesidad, en ocasiones insoportable, de sentirnos exitosos, triunfadores, especiales, acudimos a la llamada que el gurú de turno nos propone para redimirnos de nuestras miserias.
Al poco tiempo de estar trabajando con Absalón, le pregunte sobre qué le gustaría hacer/dedicarse en el futuro. Me respondió sin muchas dudas: - Notario. Le dije: -Qué sabes de esa profesión y qué te atrae de ella?
-Un amigo de mi padre es notario, tiene un Porsche, va a esquiar a Los Alpes todas las navidades y  conoce casi la mitad de los países del mundo.



Absalón había repetido dos cursos y le costaba aprobar el recreo. Pero de su realidad huía con facilidad y se movía fundamentalmente por el principio de placer. La distancia entre su realidad y su sueño tendía al infinito. No percibía la necesidad del esfuerzo para pasar de su aquí-ahora a su sueño dorado. Su mente aceptaba la posibilidad mágica de chascar los dedos y convertirse en notario-esquiador-viajero en Porsche.


No podemos alimentar sueños desconectados de nuestro ser real. Soñamos aquí y ahora. Si desconocemos ese aquí y ahora no podremos construir sueños alcanzables. Nos pondremos como Absalón en manos de la magia. Solo cuando afrontamos nuestra realidad estaremos en condiciones de aceptarla y cambiarla y entonces tendremos las riendas sobre nuestros sueños convirtiéndolos en objetivos alcanzables, realistas, medibles, temporales, ilusionantes (Smart) que nos permitirán avanzar, desarrollarnos y sentirnos satisfechos y orgullosos.

Flaco favor les haremos a los Absalones de turno si simplemente les animamos a ser notarios sin antes hacerles ver de dónde parten y cuál es el camino que tienen que recorrer para ello. Sólo conseguiremos personas frustradas e insatisfechas que se percibirán como bichos raros porque van a ser los únicos que no han podido alcanzar sus sueños. No sé si Absalón va a ser notario pero probablemente  se podrá sentir bien consigo mismo siendo lo que haya decidido ser.


martes, 26 de enero de 2016

SOBRE EL CAOS Y LA INCERTIDUMBRE
 
                                 



        Quizás el título de este artículo pueda llevar a confusión y creer que voy a abordar el principio de indeterminación o incertidumbre de Heisenmberg o a disertar sobre la atractiva teoría del caos relacionada con las matemáticas y la física, que se refiere a la dificultad de predicción de sucesos a partir de pequeñas modificaciones iniciales. Me gustaría, pero soy un lego y tengo incluso dificultades comprensivas sobre dichas teorías.
Pretendo referirme, utilizando esos conceptos de caos e incertidumbre, a las sensaciones producidas en el ámbito del comportamiento y del mundo emocional de la persona, cuando se generan cambios en su entorno externo e interno de suficiente calado que les llevan a desarrollar conductas, pensamientos y emociones contaminados de angustia, estrés y malestar y que suelen ser objeto de consulta psicológica en cada vez un mayor número de personas.
Esos cambios, lógicamente, no son los mismos para todos. Mariano,  por ejemplo, acudió a mi consulta después de que el Director General de su empresa le comunicara la necesidad que su organización tenia de que se desplazara a un país de medio oriente durante un periodo indeterminado de tiempo a hacerse cargo de la expansión de su división. Posiblemente en otras circunstancias Mariano no hubiese desarrollado ninguno de los síntomas que le llevaron a mi consulta y se hubiera ido, quizás no encantado, pero sí más dispuesto a esa nueva aventura profesional; pero en este momento  Mariano, de 41 años, alto ejecutivo de esta multinacional que ahora le ofrecía “la oportunidad” de crecer y desarrollarse profesionalmente y  de proporcionar un servicio impagable a la empresa que tanto había creído en él, tenía 3 hijos de 12, 9 y 7 años, una mujer que, una vez pasados los años de mayor atención a sus hijos, había recuperado su actividad laboral y se encontraba realizada y satisfecha en su trabajo, reconocida por sus superiores y compañeros y asumiendo responsabilidades cada vez más retantes que la motivaban y la hacían sentir profesionalmente plena. En las numerosas conversaciones que habían tenido después de que Mariano recibiera la propuesta por parte de sus superiores, María, su mujer, había dejado claro su intención de no abandonar su trabajo, su ciudad, sus amigos, su familia de origen y también y desde luego no menos importante la estabilidad que observaba en sus hijos en un entorno acogedor y seguro para ellos, en el que se sentían razonablemente felices. En una de esas conversaciones consultaron también a los chicos dicha posibilidad y los tres manifestaron con rotundidad su negativa a irse a un país lejano y desconocido abandonando lo que tenían y valoraban.
La situación para Mariano resultaba compleja, poco a poco fue adquiriendo rasgos preocupantes. Entendía que si no atendía las necesidades de su empresa no solo perdía una oportunidad de desarrollo profesional, sino que probablemente se vería postergado y ya no sería una pieza importante en el engranaje, pasaría a ocupar posiciones irrelevantes y quizás la desconsideración de sus superiores y quién sabe si el abandono de la organización. Tema éste que le resultaba poco menos que de insoportable aceptación.
Por otro lado, comprendía la negativa de su mujer y sus hijos a abandonar sus vidas confortables y satisfactorias en aras a alinearse con una propuesta que significaba cambios sustanciales y profundos en la vida de todos ellos y desde luego no para mejor.  


Mariano había perdido el apetito, tenía dificultad para conciliar el sueño, algo que conseguía a duras penas a base de hipnóticos, situación que detestaba pues iba en contra de sus principios naturalistas, se mostraba irascible, tenía dificultad para concentrarse  incluso en tareas conocidas y relativamente fáciles, frecuentaba menos su mundo relacional, apenas disfrutaba de los momentos de ocio y esparcimiento y abandonó casi por completo actividades deportivas que le generaban disfrute y satisfacción.
Para entender el grado de angustia y estrés que estaba viviendo Mariano, conviene tener en cuenta algunos rasgos que forman parte de su carácter y  personalidad, como la importante necesidad de control que necesita para sentirse seguro en todos los aspectos de su vida. Sin llegar a ser obsesivo Mariano desarrolla comportamientos encaminados a prever innumerables consecuencias de sus actos y los de sus colaboradores y familiares. Dejar al albur de la suerte o la casualidad posibles resultados de sus acciones es algo que le produce un profundo malestar. Cuando alguna variable incontrolada interfiere en la marcha y/o en las consecuencias de lo que él tenía previsto normalmente se enfada con diferentes grados de intensidad. Se siente especialmente cómodo cuando planifica, agenda, organiza, controla….
Por lo que delegar no es lo que más le gusta y ello conlleva una mayor dedicación a la supervisión y el seguimiento de las tareas que realizan sus subordinados.
Por otro lado Mariano pertenece a una familia en la que el padre siempre ha encarnado una autoridad fuerte y nunca cuestionada por ninguno de sus 4 hijos a excepción de su hermana más joven de. La posibilidad de defraudar a su padre en cuanto a su comportamiento en la convivencia familiar, en la consecución de resultados escolares siempre rozando la excelencia, en la posibilidad de no alcanzar el éxito social y económico, así como en el mantenimiento de ideas políticas, religiosas, filosóficas emanadas de la genética familiar son aspectos que siempre han estado presentes de forma profunda, aunque inconsciente, en la forma de ser y de estar de Mariano. La adolescencia, esa edad de cambios y conflictos, favorecedora para cuestionar autoridades y modelos, no cumplió esa función dada la dificultad de Mariano para convivir con el conflicto y optó más bien por la sumisión y aceptación de todo aquello que emanaba de la autoridad paterna.


 A veces esto nos puede ayudar a entender la dificultad de algunas personas para aceptar otras ideas y puntos de vista distintos a los que han asimilado desde pequeños y que no se han atrevido a cuestionar por temor a defraudar o a no ser aceptados, queridos, valorados dentro del grupo de pertenencia, en este caso la familia.  Después de observar la forma en que se defienden determinadas ideologías por parte de algunas personas en las que abunda el acaloramiento rápido, la descalificación del contrincante, la escasa argumentación para rebatir opiniones, la incapacidad absoluta para incorporar a  su ideario nada que no esté ya fijado de antemano en sus creencias y principios, he llegado a conclusiones en las que me permito inferir que estas personas no han desarrollado a lo largo de la adolescencia ese cuestionamiento y critica saludable de los modelos, valores y creencias emanados del “padre” y los han incorporado a su vida sin el menor atisbo de rebeldía lo que les ha configurado rasgos de personalidad en los que se puede observar mayor rigidez, más intolerancia, dificultad para empatizar, miedos poderosos a la perdida de estatus, escasas habilidades de escucha…… Por el contrario, también he podido observar en personas que, aun manteniendo modos de pensamiento e ideológicos similares a sus figuras paternas han llegado a ellos después de haber pasado por la fase de cuestionamiento y autoafirmación, en términos freudianos después de haber “matado al padre”, por lo que han podido interiorizar y asimilar dichas creencias sin “tener que” asumirlas por decreto genético sino después de un proceso más elaborado y crítico que les ha llevado a hacerlas suyas. Normalmente estas personas son más tolerantes, más flexibles, pueden escuchar de forma más activa, se sienten más seguros y por tanto menos temerosos a los cambios porque la confianza y la seguridad son elementos que han conquistado, dado que, al contrario que las ideas y las creencias, no se pueden heredar.
Mariano tuvo que afrontar un miedo anclado desde hacía mucho tiempo y alimentado por determinadas creencias entre las que resaltaba
- yo no puedo rebelarme o incluso cuestionar una propuesta que emana de la autoridad porque si lo hago corro el peligro de que me excluyan del grupo, de que me digan que ya no formo parte del equipo, que ya no cuentan conmigo. Y mi seguridad proviene de mi obediencia y aceptación, no de lo que yo haya podido construir desde mi. Es decir, me encuentro ante una situación generadora de incertidumbre puesto que los que me otorgan la seguridad y la confianza me la pueden quitar sino atiendo sus necesidades y eso conflictúa con aquello que en esto momento me ofrece también seguridad y sobretodo afecto que es mi familia.
El proceso con Mariano fue encaminado a mejorar su autoconfianza y autoestima, a ayudarle a prescindir de pensamientos bloqueantes que le llevaban a considerarse incapaz sino era dentro de un marco referencial determinado, a poner luz sobre fortalezas y talentos que apenas conocía pero que también estaban en él y que le ayudaron a convivir de una manera más saludable con la incertidumbre y a poner un poco de orden en ese caos que observaba como insoportable.
Quizás logre caminar por esos espacios de caos sin necesidad de ejercer un control que le lleve al estrés y la angustia y permitirse navegar a favor de los vientos







                                                           

miércoles, 23 de diciembre de 2015

FELIZ NAVIDAD


                                      

                                    FELIZ NAVIDAD





                                                          
         



            “He oído hablar del niño que ha nacido para traernos                alegría…”




                 


Con esta hermosa versión del “Aleluya” de L. Cohen quiero desearos la paz y el amor que seáis capaces de dar y acoger.




martes, 20 de octubre de 2015



EL ÉXITO. ¿ADICCIÓN PATOLÓGICA?

     
       Norberto llego a mi consulta con la espada de Damocles de salvar su matrimonio. Su mujer, después de una fuerte discusión motivada por la “ausencia” de Norberto del espacio familiar, le exigió la inmediata búsqueda de ayuda para abordar ese comportamiento inaceptable que mostraba hacia la familia. La relación con ella, como la que mantenía con sus hijos, era tan esporádica que muchas semanas no había lugar ni para la discusión, pues Norberto no estaba presente. Pero la excusa estaba socialmente aceptada e incluso bien vista. Norberto trabajaba alrededor de 12 horas diarias, no porque fuera estrictamente necesario y se sintiera obligado por su empresa a hacerlo, sino porque había entrado en una vorágine en la que la necesidad de sentirse productivo y exitoso había aparcado cualquier otra prioridad



 Y el problema era que Norberto no veía ningún problema. Que sus hijos de 8 y 6 años fueran unos perfectos desconocidos no era un problema, que la relación con su mujer fuera a base de buenas noches y buenos días y algún que otro wasap a lo largo del día tampoco constituía un problema. Norberto se sentía amparado porque su ausencia la motivaba la cantidad de trabajo que tenía. Norberto era un adicto al trabajo.

Norberto es un alto ejecutivo de una multinacional del sector banca/seguros. Con 40 años desempeña un cargo de relevancia y goza del reconocimiento y la valoración de sus jefes y compañeros. Ese reconocimiento y el sentirse valorado es el alimento que nutre el ego desarrollado de Norberto. Y además, ha asociado que el reconocimiento y el éxito se consiguen gracias al esfuerzo y la dedicación que ofrece en su desempeño. El problema es que no sabe dónde está el límite. Es decir hasta dónde ha de esforzarse para ser reconocido. Nadie se lo ha dicho porque nadie lo sabe. Se sabe que Norberto trabaja mucho y es un excelente profesional capaz de dedicar el tiempo que haga falta a su empresa. Eso ya está admitido, por lo que cualquier cambio hacia actitudes mas “relajadas” se puede observar como un desfallecimiento y un abandono de posiciones establecidas que él, desde luego, considera imprescindibles para seguir sintiéndose reconocido y valioso. Pero nadie le ha hablado del límite, de ese punto que una vez alcanzado significa haber logrado el objetivo y por tanto permitirse un descanso, un reposo. No, en el mejor de los casos se plantea en términos de edad.
-        
 -                        - Bueno, cuando llegue a los 50 o 55 quizás sea el momento en el que pueda aflojar.

Pero no hay normas estipuladas sobre eso. ¿Y por qué no a los 60? Es decir, no hay un límite claro. Porque el límite está en uno mismo, en la asunción de valores y de creencias que una vez elevadas a la categoría de intocables actúan como elementos motivadores para atender los deseos de sentirse reconocido y exitoso, con la comentada trampa de que nunca tenemos claro dónde está el límite de ese deseo.



Siempre podemos ser más exitosos. Porque el éxito no es una categoría definida que sirva para todos. ¿Qué es el éxito para Norberto? ¿Vivir en un chalet en una determinada zona asociada al lujo? ¿Tener un vehículo de determinadas características que solo muy pocos pueden adquirir? ¿Disfrutar de unas vacaciones en lugares supuestamente paradisíacos, adornados de muchas estrellas muy alejados de nuestra ciudad?
¿La posibilidad de poseer todas estas cosas y algunas otras permitiría que Norberto sintiera ya que había conseguido lo que deseaba? Lamentablemente, No. Siempre puede aparecer un objeto, una posesión de mayor valor y la necesidad de conseguirla para no sentirse fracasado, porque seguro que hay alguien de su entorno que lo ha conseguido y es difícil sustraerse a no competir. ¿“Si él lo tiene por qué no puedo tenerlo yo”?

Es sutilmente perverso este modo de sentirse realizado, de imaginarse feliz. Se consigue durante breves instantes, la sensación no es duradera, porque ahí fuera siempre puede surgir algo asociado al éxito que yo no poseo, y mi idea de la felicidad es conseguirlo.

Pero lo podré conseguir o no. No siempre depende de mí. Yo no tengo las riendas. Por lo que la posibilidad de frustrarme y sentirme desdichado es notable. No siempre con el esfuerzo se consigue el resultado deseado, porque no siempre el esfuerzo es la única variable que entra en juego para alcanzar el objetivo, sobre todo cuando el objetivo no está conectado con mis necesidades reales sino con deseos sociales, fijados por modas y tendencias de las que seguramente formo parte pero que yo no decido. Y para obtener esa sensación, aunque temporal y esquiva, necesito volcar toda mi energía y esfuerzo, renunciando o aparcando otras necesidades cada vez más alejadas y desconocidas. Entramos en la adicción



 

Y como cualquier adicción, a medida que el organismo se adapta a la cantidad de ingesta, necesita mayores dosis para tener la misma sensación.

Norberto comenzó trabajando de forma responsable y entregada, asoció que esa entrega le reportaba consideración, reconocimiento y sensación de validez así como recursos económicos que le permitían acceder a posesiones y objetos deseados no solamente por él, sino también y fundamentalmente por sus iguales, compañeros, vecinos, amigos, familiares…..

Esto actuó de motivación durante tiempo, pero ya no era suficiente el tiempo dedicado en un principio, cada vez se (le) exigía más, sus responsabilidades aumentaron y ya no sólo supo ni quiso poner límites, sino que él alimentaba esa vorágine para seguir obteniendo el mismo reconocimiento.



Contrariamente a determinadas sustancias, consideradas tóxicas, que no tienen el “respaldo” social, por lo que su consumo no está bien visto, el trabajo es algo que cuenta con todos los parabienes y felicitaciones. Nos han educado para el trabajo duro, para no desfallecer, para que nadie pueda decir de nosotros que somos flojos, por lo que también estamos respondiendo a las expectativas que nuestros mayores depositaron en nosotros. Esto suele tener una fuerza portentosa. Por ello la línea que separa la responsabilidad del comportamiento adictivo es muy tenue y traspasarla es un ejercicio común del que pocas veces se es consciente



Norberto comenzó a ser consciente de ello cuando su mujer le puso delante un espejo en el que le mostró una persona alejada de sus hijos, de su mujer, de sus amigos, de su capacidad para desarrollar otros talentos, de su olvido de la ternura y de la posibilidad de disfrutar de múltiples experiencias vitales. De esa forma comenzó a buscar momentos “exitosos” en espacios más cercanos a él mismo, a una esencia más reconocible y gratificante.


Norberto sigue siendo un profesional valorado pero ya no vive para ser un profesional valorado.

lunes, 4 de mayo de 2015

ESPAÑA, UN PAIS CON LA AUTOESTIMA DAÑADA

Hace unos días leía en el diario El Pais la publicación de una encuesta realizada por el Observatorio Científico entre cuyos resultados se destacaba que un 25% de los encuestados creía que el sol giraba alrededor de la tierra y un 40% que la especie humana había compartido época con los dinosaurios. Una vez superada la sorpresa, esos datos me ayudaron a entender algunas de las cosas que ocurren en nuestro país. Entre otras que nos gobiernen quienes nos gobiernan y que después de haber utilizado el poder para enriquecerse personalmente y enriquecer a sus amigos utilizando el erario público, aun sigan al frente en la decisión de voto de las numerosas encuestas que nos invaden últimamente. También para dejar de sorprenderme al observar que los programas más vistos en  TV son Gran Hermano, Sálvame o algún otro de similar formato del que no recuerdo el nombre.

Y en ese afán de tratar de averiguar por qué ocurren las cosas y de entender los motivos que nos llevan a las personas a hacer lo que hacemos, me encontré reflexionando sobre algún caso de jóvenes y/o adolescentes que acuden a mi consulta por problemas conductuales o de relación o incluso de pérdida del sentido vital y cómo algunos de ellos muestran determinados cambios en su comportamiento que nos permiten detectar que su autoestima puede estar dañada. En ciertos casos o bien ellos  o bien sus padres me comentan que desde hace algún tiempo han cambiado de grupo de amigos y han dejado aquellos con los que habían compartido tiempo, experiencias y afectos desde la infancia, más ligados a grupos del colegio o de equipos deportivos o de asociaciones para vincularse a otros, en principio más ajenos a ellos en cuanto a formación, intereses, responsabilidades…. Normalmente esto a los padres les suele resultar sorprendente y preocupante y  no solo por el hecho de observar conductas y actitudes diferentes que juzgan como no deseables sino también porque hay una sensación de pérdida de control respecto al nuevo grupo de pares a los que no conocen y sobre los que muestran una opinión poco favorable.


En el ejercicio de mi profesión he aprendido que hay pocas cosas casuales y que cuando utilizamos este concepto para expresar algo que  ocurre, se debe más bien a que desconocemos los motivos por lo que ocurre y no a la ausencia de motivos. Así que cuando estos adolescentes deciden, en muchas ocasiones de forma inconsciente, cambiar de grupo de amigos e ir al encuentro de otros colegas es por causas definidas. Evidentemente no son siempre las mismas causas para todas las personas pero sí nos hemos encontrado con un número no despreciable de situaciones en las que esos cambios son debidos a mecanismos de adaptación a situaciones que consideran más asumibles y con menos riesgos para la imagen del Yo. Algunos de los  rasgos que caracterizan esos nuevos grupos  son la ausencia de retos, de compromisos, de afán de mejora, de modelos reconocibles por sus valores y su esfuerzo…  están más instalados en el principio de placer: “hago aquello que me satisface aquí y ahora, pero tengo dificultades para detectar cualquier consecuencia de mis actos”. En estos grupos el adolescente no se siente exigido, no tiene que hacer ningún esfuerzo, ni poner a prueba sus capacidades o talentos. Es decir se acomodan en una actitud plana, en una zona de confort manejable en la que pocas cosas se cuestionan y en la que desde luego no ha lugar alguno para el pensamiento crítico. Cuando uno tiene la autoestima baja, es decir cuando considera, y no necesariamente de forma consciente, que no es suficientemente bueno, que se siente incapaz de realizar cosas tan bien al menos como sus iguales, que no encuentra en si mismo elementos por los que ser valorado, querido o incluido, que no hay motivo para celebrar los logros porque estos se deben a la fortuna, cuando hay  pocas cosas suyas de las que se puede sentir orgulloso, cuando piensa que casi todos los que le rodean son mejores que él, más listos, más atractivos, mas…... Es decir cuando considera que no hay motivos suficientes para aceptarse y quererse a sí mismo tal como es, entonces busca espacios en los que esta percepción del self no le resulte tan insoportable, espacios en los que el reflejo que le devuelve el espejo sea asumible porque es igual de feo y pequeñito que su propia percepción.


Pues bien, volviendo al título de esta reflexión,  encuentro paralelismos significativos a la hora de explicar algunas de las “conductas” de nuestro país y que surgen a raíz de la lectura de los datos de la encuesta del Observatorio Científico.

¿Cómo es posible que los programas más vistos de TV sean los mencionados anteriormente?

En dichos programas se muestran de forma zafia algunos de los rasgos más mediocres y repulsivos del comportamiento humano: la intolerancia, la falta de respeto, la difamación, la mentira, la grosería…. Y los muestran personajes vulgares e irrelevantes en cualquiera de los aspectos con los que se valora la evolución del ser humano: Arte, cultura, ciencia, deporte, solidaridad…. Personajes anodinos que se prestan a mostrar los aspectos más ruines y degradantes de su personalidad entre insultos y voceríos.

Pues parece que esto es lo que más gusta a una parte importante de nuestros compatriotas. Y siguiendo el argumentario de la autoestima dañada me permite inferir que puede ser debido a que estos programas les permiten observar a través de la diosa TV que marca tendencias y pensamientos, esos aspectos de su propia personalidad de los que no se sienten precisamente satisfechos elevados a la categoría de espectáculo, permitiéndoles pensar algo así como:
-“Si esto, que forma parte de mí aunque no me sienta orgulloso de ello, lo muestran también estos tipos que salen en TV, entonces no debe ser tan vergonzoso y además no tengo que hacer esfuerzo alguno para comprenderlo, me puedo identificar fácilmente con lo que veo allí sin tener que utilizar aquello que me distingue como ser humano evolucionado: el pensamiento crítico y el raciocinio”
Es decir se pueden situar en esa parte de su zona de confort que conocen y les resulta próxima, aunque no sea necesariamente confortable pero que no requiere de ningún esfuerzo para cambiar, para descubrir territorios más plenos, más gratificantes que conecten con esa parte de si más evolucionada y dichosa, pero que implica un ejercicio de cambio, de aventura, de búsqueda que no suele aparecer cuando la autoestima está dañada.

Desde esta misma lógica argumental no resulta extraño que esa misma ciudadanía otorgue, elección tras elección, el poder de decidir sobre sus vidas a personas y partidos cuya misión básica consiste en perpetuarse en el poder a costa de lo que sea, para satisfacer sus propios intereses y favorecer los de aquellos que les son afines, esquilmando para ello, sin el menor pudor, los recursos públicos que supuestamente deberían administrar para atender las necesidades de todos los ciudadanos.  Lo importante para estos personajes es  ocupar por tiempo indefinido ese cargo público del que se sirven para enriquecerse y ejercer un poder sobre el que les gustaría no tener que responder ante nadie.
La mayoría de las veces los únicos méritos que ostentan estos elementos para desempeñar dichos cargos es haber sido elegidos por los “mandamases” del partido que evidentemente no valoran sus conocimientos, sus habilidades para gobernar, sus capacidades o sus virtudes, sino la lealtad a quien les nombra, su falta de espíritu crítico y su absoluta obediencia a la hora de cumplir las órdenes y normas emanadas de las altas esferas del partido.

Resultado de imagen de imagenes graciosas de politicos corruptos

Así pues a estos personajes se les otorga la responsabilidad de gobernar. ¿Cómo es posible?
Gerd Gigerenzer, director del Instituto Max Plank de Berlín, uno de los mayores expertos en el estudio del comportamiento humano, en su libro “Decisiones Instintivas”, nos ayuda a entender estas conductas sorprendentemente absurdas.

Durante años se dedicó a estudiar los motivos de algunas decisiones humanas, y a observar cómo la TV ejercía un importante poder sobre la capacidad de decidir de las personas no solo a la hora de elegir determinados productos sino también en el momento de elegir a los candidatos políticos. Sobre este trabajo elaboró una teoría que llamó “Reconocimiento y Evaluación” y  viene a decir que la persona vota o compra aquello que reconoce, entendiendo por reconocer lo que se es capaz de identificar después de haberlo visto.

     En las elecciones a la presidencia de EEUU del año 92 más del 50% de los americanos sabía que G. Busch, candidato republicano a la presidencia, tenía un perrito que se llamaba Millie, porque había aparecido en TV acompañando a toda la familia Busch y este se encargó de presentarlo a los telespectadores; pero solo un 15% conocía la posición de Busch sobre la pena de muerte y sus propuestas sociales y económicas. Es decir sobre estos aspectos “irrelevantes” que no se pueden reconocer si no evaluar después de haberlas leído y valorado.

     No creo que resulte arriesgado extrapolar esa tendencia a nuestro país y pensar por tanto, que una parte importante de la población decide y elige en base a lo que reconoce y se reconoce lo que se ha visto y sobre manera lo que se ve en TV  a la que se le concede el privilegio de la Deidad. Lo que aparece y se  dice a través de ese artilugio no se cuestiona, es creíble. Eso significa que no es necesario hacer el esfuerzo de conocer, evaluar, cuestionar, criticar en base a lo que pienso, siento y quiero. Es más cómodo dejarse llevar por lo fácil, por lo que viene enlatado, por lo que dicen esos señores que salen en la pantalla y que aunque no entienda muy bien lo que dicen  resulta más fácil asumirlo como bueno.

     Al igual que el adolescente con autoestima baja estas personas se refugian en situaciones que no  generen ningún esfuerzo, ningún reto, ninguna exigencia, solo apretar el mando y asentir.


En esas estamos.

martes, 2 de diciembre de 2014

                              NOTAS PARA ENTENDER LA BARBARIE

      Hay un paradigma sobre el que se sustenta nuestro sistema socio-económico que me resulta especialmente abominable. Es el siguiente: “Si para que yo adquiera más poder o riqueza tú tienes que morir, eso me resulta indiferente”.

     A lo largo de la historia de la humanidad ha habido tres elementos emocionales que han estado muy presentes y que han condicionado nuestras relaciones con nosotros mismos, con los otros y con nuestro entorno. Estos tres elementos son la codicia, el miedo y la intolerancia.

     La codicia genera el deseo de conquista y dominación, de querer apropiarse por la fuerza o el engaño de aquello que no tengo y el otro tiene y yo lo considero valioso. Da igual lo que sea: territorios, personas, objetos, bienes diversos. Si siento deseo de poseerlos y  para ello es menester que tu mueras favoreceré o ejecutare directamente tu muerte.
De esta forma comienzan las guerras, el colonialismo, el imperialismo, la subyugación de otros pueblos y culturas. Hasta hace apenas un par de siglos el modus operandi era directamente el uso de la fuerza y el sometimiento de los vencidos a los que  o bien se esclavizaba o bien se eliminaba o se recluía en reservas o se les “culturizaba “o convertía por medios mas o menos cruentos despojándoles de sus historia, su cultura, su vida. Y esto no era fruto de acciones aisladas de personajes desalmados que actuaban al margen de la ley. No, eran acciones consensuadas, facilitadas, financiadas y decididas por las capas dominantes y privilegiadas de la sociedad que guiados por el afán desmedido de riqueza y poder ponían en marcha la maquinaria necesaria para conseguir dichos objetivos. En la mayoría de los casos justificadas por razones religiosas, o de progreso, con el fin de “salvar” a aquellos salvajes descarriados que curiosamente solían estar asentados en territorios de valor estratégico o ricos en cualquier mineral codiciado. En tiempos mas modernos la forma de actuar puede ser perfectamente la misma, aunque en la mayoría de los casos se ha sofisticado incorporando elementos manipulativos a través de los grandes grupos de comunicación para hacer creer a la población que la invasión, la guerra o la intervención no es en realidad para apoderarse y esquilmar las riquezas naturales necesarias para satisfacer los caprichos y necesidades de una sociedad consumista y alienada, si no que es inevitable para mantener los valores irrefutables de la sociedad occidental tales como Democracia, Libertad, Orden todos ellos dichos evidentemente con mayúsculas. Y aquí es donde comienza a operar el segundo elemento emocional: El miedo.

     El miedo es una emoción muy poderosa y bloqueante que en sus rasgos mas primitivos nos ha ayudado a sobrevivir como especie y como individuos pero que cuando permanece anclada en nuestro inconsciente individual y colectivo nos conduce a observar el futuro como una amenaza peligrosa y aunque por su propia definición el futuro siempre resulta difícil de predecir, la presencia del miedo hace que ese futuro amenazante tome cuerpo y se eleve a la categoría de real. Esa creencia que se instala en nuestro pensamiento nos lleva a la acción para defendernos del “peligro”. Es esa creencia construida desde los miedos heredados y creados la que nos condiciona y determina y hace que podamos percibir al diferente, al extraño, al otro que no es como yo, ni piensa ni actúa como yo como alguien peligroso que puede quitarme lo que poseo y valoro y por tanto he de defenderme de esa posibilidad, y de la misma forma que nosotros heredamos esos miedos también los transmitimos a los que nos rodean y trascienden y así construimos muros, fuertes, empalizadas y bunkers que nos protejan y separen de los enemigos, reales o no, que han ido alimentando nuestro miedo.
El miedo ha sido siempre un justificante extraordinario de la violencia y utilizado de manera artera por los que han gobernado y gobiernan ha sido una aliado muy útil para hacer ver y sentir a sus súbditos, con demasiada frecuencia poco formados para cuestionar los mandatos y argumentos de los poderosos, la imperiosa necesidad de defenderse y dado que no hay mejor defensa que un buen ataque desarrollar estrategias defensivas que curiosamente han llevado históricamente a masacrar a los terribles enemigos en sus propias casas no vaya a ser que puedan venir a masacrarnos a las nuestras y así vamos construyendo una espiral en la que casi siempre suelen salir beneficiados los fabricantes de armas y los vendedores de sueños atados a fanatismos religiosos o ideológicos, y perdedores las personas anónimas con nombres y apellidos que seguramente trataban de vivir o sobrevivir sin sobresaltos, intentando crecer y querer con sus hijos o sus padres, con la gente cercana a la que se sentían unidos. Estos son siempre los perdedores a los que nadie pregunta si quieren ser salvados, rescatados, convertidos y desde luego nadie osa preguntarles si quieren ser asesinados porque quizás la respuesta “NO” no fuera la correcta y sería una pérdida de tiempo.
Y estando donde estamos no cuesta demasiado incorporar el tercer elemento emocional: La intolerancia como ingrediente básico para entender el paradigma de la barbarie con el que comenzaba esta reflexión.

       Tiendo a entender la intolerancia muy unida a las religiones. Si entendemos el hecho religioso desde la necesidad de transcendencia del ser humano, la religión como estructura y continente de ese hecho religioso se convierte rápidamente en una increíble herramienta de poder. “Los elegidos” se postulan como detentores  de la pureza de la interpretación del fenómeno de la fe, y  utilizando la manipulación o bien el miedo o ambos a la vez establecen las normas y las pautas a seguir por todos aquellos que sienten la necesidad de pertenecer al grupo, a través del cual van a conseguir el hecho irrenunciable de trascender, de permanecer después de la muerte.
Esas normas y mandatos se van constituyendo en lo esencial del fenómeno religioso y nuevamente los súbditos, los feligreses de a pie se perciben obligados a cumplirlos y obedecerlos para seguir formando parte del grupo que les llevará a la salvación. La maquinaria es perfecta. Si formas parte del grupo, de la iglesia, conseguirás la vida eterna, pero para ello es imprescindible que cumplas las normas y que además no las cuestiones. Cuando en algún momento esas normas resultan extrañas de comprender y seguir y por tanto de aceptar y  se pueden poner en duda, se apela a lo inescrutable de la fe y a la necesidad de aceptar o mejor resignarse dado que Dios mismo a través de extraños vericuetos les ha hecho llegar a Ellos la verdad desvelada, que jamás debes cuestionar so pena de expulsión y/o terribles castigos por hereje y sacrílego, por pecador al que solo el arrepentimiento podrá devolverte al rebaño en caso de ser absuelto de la culpa por alguno de los Elegidos.
El grupo se constituye y fortalece en torno a la aceptación de las normas y las creencias y también frente a otros grupos y/o personas que manifiestan otras creencias y convicciones.

     Esto es clave en el mantenimiento del grupo. Por un lado el mantenimiento de la cohesión interna que lleva a la destrucción de aquellos que osan cuestionarla o apartarse del grupo (todos tenemos en mente situaciones vividas en organizaciones religiosas ultra-conservadoras o en grupos terroristas), dado que se vive como peligroso y amenazante la duda y la crítica vivenciadas como elementos desestabilizadores y por tanto no tolerables.
Y por otro lado la necesidad de cambiar y /o eliminar a aquellos que muestran creencias diferentes a las nuestras, dando por hecho que las nuestras son las verdaderas y que bien por las buenas o por las malas hay que “convencer” al otro de lo equivocado que esta y de lo importante que es que abandone sus creencias y abrace las nuestras.

      Lo significativo y realmente preocupante es que estos elementos emocionales forman parte de nuestra vida cotidiana y se han ido instalando en muchos de los modos de relacionarnos con los demás. En la relación de pareja en la que las vivencias de maltrato físico y psicológico parecen que forman parte de nuestro horizonte diario sin que haya muchas señales de cambios profundos en ese comportamiento. En el abordaje del problema de la inmigración en el que lo más original que hemos diseñado son unas vallas enormes decoradas con cuchillas para evitar que a los que previamente hemos saqueado vengan ahora a  saciar el hambre. En la concepción del otro que viste bufanda de otros colores deportivos como alguien digno de los peores insultos y vejaciones y hasta de palizas que pueden terminar en muerte. En la percepción de aquel que opina y piensa diferente a mí en cuestiones políticas, sociales, económicas, culturales…. Como un descerebrado ignorante merecedor de la burla y la humillación más absolutas.

      En fin, que el otro ha dejado de ser cercano, próximo ,respetable, miembro de mi misma especie para convertirse en alguien al que despojo, esquilmo o utilizo para realizar mis deseos, o al que temo y del me que me defiendo, o al que debo convertir y cambiar por estar profundamente equivocado. Y lo malo es que nos parece normal.


jueves, 9 de octubre de 2014


Sobre “Alcanza tus sueños” y otras zarandajas

Siento un profundo hastío hacia todos los mensajes que desde ya hace algún tiempo inundan mi correo y algunas redes sociales que frecuento, y desde los que no dejan de transmitirme que soy un paria si no consigo mis sueños, o un inadaptado si no soy capaz de dar un giro copernicano a mi vida para encontrarme de frente con la anhelada felicidad, o un rotundo fracasado si me conformo con la vida “mediocre” que habito. Y para ello me proponen diversas técnicas infalibles, todas al alcance de mi mano solo con matricularme en alguno de los innumerables cursos y seminarios que ofrecen a precios  “asequibles” y en los que me ofrecen mejorar mi autoestima, cambiar mis pensamientos negativos por otros mucho mas recomendables, masajear con amor mis zonas bloqueadas o repetir a modo de mantra interminable  a mi mismo y a los otros que también asisten: “Yo puedo, yo puedo, yo puedo….”. En fin, todos ellos, contrastados procedimientos para alcanzar el estado de felicidad permanente que cantaba G. Moustaki allá por el final de los 60.



He asistido a alguno de estos encuentros y lo que mas me sorprendió fue ver el nivel de osadía del gurú de turno que sintiéndose depositario de la luz reveladora proveniente del mismo centro del universo, se permitía aconsejar a quien se prestara voluntario entre los asistentes,  cuál era el rumbo de vida que debía emprender o la receta mágica para salir del marasmo en el que se encontraba. Curiosamente las respuestas de los afortunados voluntarios no eran solo de agradecimiento por haber sido aconsejados tan sabiamente sino que rayaban la adoración ante tal despliegue de perspicacia y seguridad. Muchos de los participantes eran personas necesitadas de encontrar algún sentido a su vida que se abandonaban ante el repertorio verborreico del iluminado y el curso se convertía en un show tipo predicador televisivo o en el peor de  los casos en la búsqueda en directo de soluciones inmediatas para angustias reales mas o menos severas.

 
Hace unos años participé en un curso de PNL en el que conocí a una persona que se dedicaba hasta ese momento al digno y respetable oficio de la peluquería aprendido, según me contó, a base de observar, practicar, errar y mejorar, y también posteriormente matriculándose en un curso de FP. Pues bien esta persona estaba decidida, una vez finalizado este curso en el que coincidimos, cuya duración era de un fin de semana y después de haber participado en otros cinco cursos de la misma duración y similares contenidos a cambiar de profesión para abrir una consulta de ayuda terapéutica en su ciudad de origen. Entonces Yo ya tenía poco pelo pero os prometo que el poco que tenía se erizó.

Comentaba un afamado Chef de los que inundan las televisiones, el mal que había hecho a la cocina española el vinagre de Módena, ya que de ser un producto selecto y de cierta exquisitez pasó a ser utilizado en cualquier plato  bien para sazonar, para decorar o sencillamente porque está de moda.

  De la misma forma las investigaciones y trabajos rigurosos de M. Seligman y otros Psicólogos  sobre la Psicología Positiva así como de R. Dilt, J. Withmore, T. Miedaner y otros en el campo del Coaching han servido de excusa, lógicamente sin que ellos lo pretendieran, para que proliferaran una ingente cantidad de arrivistas que se han subido al carro de esta moda y con escasa preparación y menos escrúpulos se dedican a inundar las redes sociales de ofertas infalibles para llevar tu vida al éxtasis.

Entiendo que la moda conlleva precisamente esa proliferación y que la propia selección natural irá despejando el horizonte pero hasta que eso ocurra qué podemos hacer con tanta propuesta de Coaching personal, ejecutivo, emocional, de equipos, coercitivo, sistémico, relacional, educacional, ocupacional, deportivo, para el éxito, para mujeres, para familias, para dejar de fumar, para adelgazar……, o la oferta que recibí el otro día para asistir a ¡¡¡135!!! Cursos de superación personal entre los que os destaco: “Como mantener un matrimonio feliz”, “Causas de la infidelidad en el matrimonio” ”Desahogo matrimonial” ”Efectos de la pornografía en el matrimonio” (Estos deben formar parte de un pack pero no sé a cual  debo ir antes) ”Enfoque total en tus metas”, “Alcanzar tus sueños con la ley de atracción”, “Cómo conectarte con tu alma gemela” “Herramientas para sentirse mejor”….. y así hasta 135.
 
Me cuesta entender que todavia  haya personas con ansiedad, estres, fobias, pobres, obesas, adictas, sufrientes..... Igual es que no les llega la publicidad.

Por favor, ¿alguien sabe cuándo empieza el proceso de selección?